domingo, 10 de mayo de 2015

un océano blanco entre las tetas

Trevor Drummond

Me matas
pero no muero,
me quedo cerca,
indefensa,
en silencio,
esperando la marca en el cuello
y la inundación de mi ombligo.
Sintiéndome importante.
 *
Regresa
el vacío infinito,
la tristeza para siempre.
Me desvelan.

Te toco
y quemas
pero no te despierto
por no molestarte.
**
Dame unos minutos,
repíteme tus sueños,
nómbrame una vez
y me dejaré engañar
aunque mañana no pueda volver a verte
y ahora quisiera que estuvieras muerto
y no ardiendo
y yo cenizas.
 ***
Se me olvidará,
lo prometo,
desaparecerás de mí
como el azul del mar se desvanece
cuando me acerco a la orilla.

Y te esperaré
de nuevo,
acariciando mi pecho cien veces,
cada noche
antes de acostarme.
Contándolas todas,
sonriendo,
ingenua y dulce.

Eterna maldición sin cura.

7 comentarios:

  1. Ahí deambulamos, más bien nos tambaleamos... Un abrazo.

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  2. precioso, esa eterna maldición sin cura..ese eterno vagar entre el amor-desolación-espera-terrible pero no..

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  3. El anhelo que nunca llega es el que más y mejor inspira.
    Si eres ceniza, al menos te quedarán las palabras, a esas seguro que no se las lleva el viento.

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  4. Desaparecerá dejando un leve rastro de madreperla.

    Un besazo.

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  5. La aproximación, más intensa y viva siempre que apresar lo que se busca.

    Precioso, de nuevo.

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  6. Me gusta mucho, y no se me olvidará, lo prometo.
    Besos

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