miércoles, 16 de abril de 2014

Hasta Nunca

Alfred Srieglitz
Te escribo desde un pequeño bote de madera que la corriente ha llevado hasta mar abierto, las aguas están tranquilas, yo estoy como ellas, sonrío. Me gusta la claridad con la que está dibujado el horizonte, me aporta la seguridad de no tener nada seguro.
Se me caen los párpados, o más bien, se deslizan hasta apagarme. En menos de un segundo el tiempo ha cambiado sin avisar, las olas me inundan y yo me hundo.

Se me olvidó decirte que cerraras la puerta al salir, pero ya no hay puerta, la sustituí por una de esas cortinas de bolitas que tintinean con el viento la primera vez que te fuiste, confiando orgullosa en que no volverías. Pero aquí estás Tristeza, jodiéndome de nuevo, babeando sobre mi nuca, empañándome con tus jadeos, ahogándome con tu sudor y corriéndote en mi cara.

Perdí la lengua el sábado que me pediste opinión, la mano el día que me cediste la tuya y la oreja derecha, ayer noche, con tus bufidos. No esperes saludos cordiales ni despedidas pasajeras, no tengo ganas de jugar contigo. No seré yo la otra perra.

Voy en el bote que tu corriente ha llevado hasta mar abierto.

Mi adiós es para ti,
ahórrate las lágrimas.

5 comentarios:

  1. Todas las despedidas deberían ser así de dignas

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  2. Rabia e impotencia... y una fuerza descomunal.

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  3. Una despedida demasiado bonita...
    Un abrazo.
    HD

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  4. cortinas de bolitas que tintinean con el viento

    Que imagen! Que imagen! Me traslado a millones de recuerdos!!

    Gracias por compartir!!

    Te invito a pasarte por mi blog, recién hoy lo inaugure y ahí vas a ver mi primer cuento. Abrazo!!!

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