domingo, 16 de febrero de 2014

Centrifugado

Escribo por escribir, porque esta noche me lo pide el cuerpo. Uso el móvil para subir alguna que otra entrada, así, tapada hasta las cejas, sin gafas y con la pantalla a menos de 5cm de las pestañas (riesgos de una que tiene casi 10 dioptrías por ojo).
Tengo la habitación patas arriba, se me acumulan los platos con restos de comida de hace un par de días, al saco de la ropa sucia no le cabe nada más y estoy apurando el ambientador con olor a suavizante que me dio mamá el 31 de Agosto. No puedo evitar ser desordenada, si mi escritorio es grande ya encontraré cosas para llenarlo, si la mochila tiene 4 bolsillos, ¿para qué ponerlo todo en el mismo? Si la libreta es  de tres colores he de usar cada uno de ellos para plasmar cosas distintas, arrancando así las hojas donde escribo por escribir algo que no tengan sentido dentro de mi esquema. Estas anotaciones las guardo en unas fundas, dentro de algún libro, dentro de la mochila, en el bolso o sobre la mesa. Cuando las arranco pienso concienzudamente dónde deben ir porque sean importantes, porque sean ingeniosas, porque crea que las necesitaré o quiera volver a leerlas.
Y aquí es donde mi subconsciente me hace compañía de forma externa preparándome un juego de pistas interminable. No suelo encontrar las notas cuando quiero pero sí me suelen sorprender en momentos "oportunos". Como esa carta visceral que te recuerda el destinatario, como la lista de la compra 10 minutos después de venir del súper, como la descripción de mi primer viaje en tren cuando no puedo salir de la cama o como esa postal cariñosa que te recuerda la distancia cuando necesitas mimos maternos que no se compensan con chocolate.

Quizás mi desorden sea producido por una fuerza superior, porque yo sólo recuerdo que la última vez tardé toda una mañana en limpiar mi cuarto (guardé las cositas del cole en un archivador, puse la lavadora, coloqué la ropa, fregué los platos...) Y a los 20 minutos cuando abrí los ojos la habitación volvía a estar echa unos zorros.
No se puede luchar contra el orden natural de las cosas, dicen.

Suerte que sólo hago vida en mi habitación o tendría que contratar mi propio equipo de rastreo.

3 comentarios:

  1. Jajaja, suerte que no necesites encontrar tu cuerpo porque a alguien le dio por dejartelo puesto. Si te lo hubiesen guardado en una bolsa, posiblemente te lo encontrases alli donde estan las notas.

    Pero si te sirve de consuelo, el día que los encuentres, posiblemente encuentres un libro arcoiris.

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  2. Jajajaja, estoy igual que tú… Creo que si alguien entrase aquí sería engullido por los miles y millones de objetos aparentemente inservibles que entre estas cuatro paredes habitan.

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  3. Ya somos dos. Lo malo es que dentro de nada viene una amiga a hacer vida conmigo en mi habitación un finde y me veré obligada a paliar el desorden un par de días. Miedo.

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