jueves, 9 de enero de 2014

¿A qué sabe?

Johnson Tsang

Acércate más, un poquito más.... ¡para! No te veo y por más que abras los ojos tú tampoco podrás verme.
Date la vuelta… así. Extiende el brazo. ¡No me toques!
Acerca la cabeza aquí, a mis labios. No me oyes, ¿verdad?

Claro. La niebla debió ocultarte y convertirte solo en eso, rozando cada mañana el alféizar, viajando fugaz en un radio de 700 km sin despeinarte.


Y no me oyes, y no me ves, y no me tocas. Y me alegro. Te prefiero idealizado entre las teclas del portátil, guardado como reliquia bajo la almohada, lejano a mis deseos de profanarte, ausente a toda verdad que palpite, a toda verdad que sangre más de la cuenta y me deje sin la tinta que atesoro para exhumarte, para cuando no seas, para cuando puedas verme del todo. 

3 comentarios:

  1. Sabe a incertidumbre, a curiosidad, a deseo…

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  2. Un amor así duele menos pero te deja pensando: ¿qué hubiera pasado si...?

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