miércoles, 10 de abril de 2013

Atentamente.

     A usted mano aburrida
ante su insidiosa desgana
contra mi voluntad de ser humedecida,
desde éste, mi tintero sin tintura,
tras haber pasado tantos años en hastío,
con voz titilante le pregunto:
¿Entre la calidez de sus dedos podría acogerme
bajo su entelequia?
 
     Por favor, no conteste con promesas
de carácter halagador y acto infructuoso.
Hacia mí vinieron curiosos
sin tinta que me sacie ni papel donde me luzca,
sobre todo seres deformes que
durante su niñez gozan de una abrumadora fantasía,
hasta la juventud sobreviven con los restos
para terminar perdiendo la esencia en su adultez.
 
     En usted dejo caer mi pesado influjo
cabe el afán de conservar su inventiva.
Según tengo entendido,
mediante las letras y su palabra, vivirá más y mejor que cualquier otro hombre
 


3 comentarios:

  1. que asi sea, pero muchos nunca dejarán de ser niños :D

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  2. "Tintero sin tintura", aunque he leído todo el poema, créeme, me he quedado detenido un rato ahí, justo ahí... No sé bien por qué, pero a la hora de comentarte, aún tenía la frase rebotando en mi cabeza.
    Será que hablamos el idioma de la belleza de lo simple. Será.

    Un saludo

    Mario

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