lunes, 6 de febrero de 2012

DELIRANTE INDIGNACIÓN:


Si una panda de desconocidos ciegos se toparan conmigo por casualidad, sin ninguna pretensión y además  les diera tiempo a olerme. Describirían mi olor como el de un travesti muy hormonado,  como la habitación 69 de un motel de carretera, como un sofá en domingo, como los dedos de una monja,  como una dilatación sin oxígeno, como un cuarto sin ventanas.
Autorretrato - Eduardo Gaviña Marañón

Porque la naturaleza no me llama. Salgo en su busca y no obtengo recompensa.

¡BENDITOS PRIVILEGIADOS!

4 comentarios:

  1. ...los dedos de una monja, ese olor carga con eternidad en la médula; a eso deben oler los alfeizares de Dios,

    hermosa entrada, me conmueve la fiera singularidad de tus imagenes.

    Un abrazo.

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  2. Juan Ojeda, los dedos de una monja deben oler más bien a... "dedillo"

    Miss Demacre, esta entrada me transmite condensación, compañía y todo lo contrario al frío. Incluso un calor podrido. Algo como 4 días sin ducharse jajaja

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  3. Por cierto, el Captcha que he tenido que poner para publicar el comentario anterior, ha sido "appest"

    Curioso eh? xd

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