jueves, 14 de julio de 2011

Tan a gusto como un arbusto.

Les pasaba sin querer y al principio no se anticipaban a la transformación, como ese pre-adolescente que no espera una erección embarazosa.

Llevaban poco tiempo compartiendo algo más que calurosas siestas, sonrisas que ruborizan el alma, grandes y significativas conversaciones por chat estando a pocos metros de distancia, internacionales mensajes que con dos palabras llegaban a sentirse más que algunos besos, abrazos que frenaban el pulso y profundas miradas con los ojos cerrados.
Ella le soñaba despacio, le soñaba despierta, le soñaba en sueños. Maldito subconsciente que la enredaba a él, maldito consciente que se dejaba enredar.
Él se quedaba sin palabras, alucinaba con su forma de pensar y con la facilidad que tenía de abandonarse cuando estaba con ella.

Pero no tenían una relación normal, además de compartir todo esto, ambos tenían la tremenda peculiaridad de transformarse en arbustos cuando estaban juntos, cuando estaban a gusto.
La metamorfosis inicial sucedió el día que pasaron la primera noche juntos, en ese momento en el que te sumerges por completo en el universo de la otra persona y solo te queda lanzar un enorme suspiro de completa felicidad plural. Fue entonces cuando empezaron a notar que les desaparecían muchos de los sentidos, el gusto, el olfato, el oído y por último la vista notando como se incrementaba en exceso el sentido del tacto. sus cuerpos habían desaparecido, notaban la suavidad aterciopelada de las verdes hojas y las finas ramas que habían sustituido por completo sus cabellos y extremidades, no podían hablar, no podían pensar y para qué hacerlo, si era genial.
Los efectos tardaban horas en desaparecer, y lo que realmente les preocupaba era convertirse en público, era algo difícil de entender e imposible de controlar. Así que optaron por mostrarse distantes, pero tanta era la tensión que ella llegó a metamorfosearse estando en casa, solo con pensar en su recuerdo.

Llegados a este punto a la insólita pareja no le quedó más remedio que pasar el resto de sus vidas sobre tierra húmeda y salir siempre con un macetero en la mochila.

12 comentarios:

  1. últimamente estoy probando a crear nuevas entradas con toques surrealistas, me encanta. Pero... me cuesta bastante, ésta última no me termina de convencer, incluso me atrevería a decir que está incompleta.

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  2. Falta todo lo que le quieras poner. Aunque sobrará todo lo que le pongas. Todo tiene límite.

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  3. El toque de surrealismo lo tiene; eso está claro. Tiene encanto. ;)

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  4. muchísimas gracias Ardid, siempre ahí con tus comentarios :)

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  5. A mí me pareció igual que a Ardid, cada escrito tiene su toque justo al principio...

    Me gustó.

    Saludos.

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  6. Gracias :), voy a darme un paseo por tu blog

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  7. dices que esta incompleta y creo que se por k, le falta un final, pero asi esta perfecto y como ya an dicho, falta lo que "quieras" pero no sobra nada. me encanta.

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  8. Sí, se podría decir que le falta un final. Porque la palabra siempre, no existe. Pero, no todo acaba de la misma forma para todos :/

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  9. extrañaba sus historias tenia bastante sin pasarme por aquí!

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  10. jaja muchisimas gracias, estaba un poco abandonada últimamente, pero he venido con las pilas cargadas :P

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  11. No digas que no te convence, es el mejor que he leído. Tal vez porque me identifique de cierta manera. Gracias. :)

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  12. jo... pues muchísimas gracias ^^ supongo ke... para gustos, los colores.
    Me alegro de ke te identifikes, es muy gratificante :)

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