sábado, 23 de abril de 2011

De nuevo, recién follada.


No era con el primer hombre que follaba esa noche, ni tampoco sería el ultimo. hacía años que no sentía nada, había aprendido a tocar con las manos calientes y el corazón helado, a bajarse las bragas en el metro, a guardar las propinas para convertirlas en biberones de leche en polvo y agua tibia, pues sus pechos no son más que dos campos áridos y amoratados, simples instrumentos de placer.
Ocupa un piso con seis compañeras más gracias al dinero que gana usando su vagina para transportar algo más que su humeda desgracia.

Mece entre sus brazos su futuro hecho añicos mientras tararea Summertime, sus ojos están cerrados y por un momento olvida al niño ahora transformado en un precioso ramo de violetas y flores azules , era verano, y guardaba un aire de final de la adolescencia. todavía se podían oír las gaviotas y el suave olor a mar seguia empapando su paladar y bañando su nariz de cálidas noches. Le habían dado el fin de semana libre, tenía muchas ganas de abandonar la barra americana y cambiarla por un escenario. Desde el escándalo de hace un par de años, no había vuelto a sentir la sensualidad del saxo, el sucio sonido a trompeta, la dulzura del teclado, el percutir del tiempo entre varas o la vitalidad impactante del contrabajo.
Jazella tocaba esa noche en Los Elefantes Azules y querían que Rose volviera. Ésta deseaba enmendar su error mostrarle a todos que se habían acabado las cucharas llenas de heroína.
Amarga vida.
Tras hora y media de jam-session, salió Rose. La trompeta rompió con la tensión que envriagaba incluso al más ebrio.
Tiempo de verano cuando la vida era fácil.
Veladas de espiritu norteamericano por algo más que el color de su piel. Había nacido rodeada de negras de culo gordo y voz potente que se reunían en pequeñas iglesias donde recitaban, coreografiaban, sentían y hacian sentir sus famosos espirituales.
Nunca olvidará a Mama-Lou, la vieja y vibrante abuela que se encargaba de dormir a la pequeña Rose cuando esta no podía dejar de pensar en que aquel hombre blanco que venía de cuando en cuando a casa, pudiera entrar a su habitación como entraba a la de mamá y la hiciera llorar y gemir a cambio de un par de botellas de leche y un sobre de papel sin lacrar.
Mama-Lou tenía una voz ronca y suave, que le hacía recordar el murmullo de la madera del muelle en verano, cuando Rose abandonaba la fría casa y se iba a pasar unas semanas a una hermandad de jóvenes apicultoras que daban clases para recuperar el tiempo perdido por no ir a la escuela.
Pero esos veranos se apagaron pronto.

Un llanto desquebrajado la saca de su fantasía de tiempos "mejores", su cuerpo corre ahora por los 50, aunque ella tiene apenas 25.
Y el caballo va ganando la carrera.

11 comentarios:

  1. Muy duro el texto, pero bastante bueno. ;)

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  2. Aunque no comente, que sepas que leo todo lo que escribes. Lo que pasa esque la mayoría de las veces no sé que decir, como ahora

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  3. El potente magnetismo de las barras americanas y las vidas usadas como chupa-chups sin terminar que uno tira al suelo.
    Gracias por visitar el mi pobre espacio.
    Grande jefa.

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  4. wooou que fuerte y pensar que muchas personas tienen que hacer eso para poder tener algo que darles a sus hijos ..
    saludos(:que estes bien

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  5. Para la puta...la vida ¿verdad?
    Muy interesante descubrimiento, espero que seguido de próximos encuentros.

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  6. ni ke lo digas... gracias por vuestros comentarios, y... un abrazo a todos :)

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  7. concuerdo con ellos... es un escrito fuerte, que d alguna manera hay gente que se ha visto en esa situación...!!!

    Me gusta la narrativa que tienes...

    Me gusto bastante tu blog... te sigo.
    Saludos.
    Cristofer.
    Pesa por el mio, si se te antoja.
    www.lasmelancoliasdemarcus.blogspot.com

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  8. Se esconde la flor
    cambia de nombre
    siempre esquiva
    y por tanto,
    despiadada.

    ¿Quién entrenó a la doncella
    para que no se dejara ver las espinas?

    Ella actualiza mi agonía,
    le hace ajustes,
    labra mi rostro con versiones de la sombra,
    atasca la brújula.

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